Escrito por: Pamela Alcocer Padilla

Luego de sesenta y dos años, el atentado sigue poniendo en tela de juicio la capacidad del gobierno de los Estados Unidos para proteger a sus líderes más importantes y garantizar la seguridad y estabilidad del país
El asesinato de John F. Kennedy (JFK) el 22 de noviembre de 1963, marcó la tragedia impune más terrible de los años sesenta. Su muerte plantea interrogantes sobre la estabilidad de la democracia estadounidense y la forma en que se llevó a cabo la política del sabotaje en las más altas esferas del poder. El magnicidio de un presidente tan querido y carismático como Kennedy, fue una agresión no sólo contra la persona, sino también contra el espíritu de la sociedad civil estadounidense.
Luego de sesenta y dos años, el atentado sigue poniendo en tela de juicio la capacidad del gobierno de los Estados Unidos para proteger a sus líderes más importantes y garantizar la seguridad y estabilidad del país. Además, el hecho de que la investigación sobre su muerte haya sido objeto de tanta controversia, continúa alimentando la desconfianza hacia el Estado y las instituciones democráticas. Es difícil determinar quién ganaba y quién perdía con el asesinato de JFK, ya que su muerte tuvo un impacto multifacético en la sociedad y en la política mundial de la época.
La liberación ordenada por el presidente Donald Trump en marzo de 2025 de, aproximadamente, dos mil archivos clasificados con cerca de 60 mil páginas sobre el terrible asesinato, junto con otros documentos, también desclasificados por el ex presidente demócrata Joe Biden, han proporcionado más información sobre cómo operan la inteligencia y el espionaje de la CIA, pero no aportaron algo raro o estratégicamente significativo sobre la muerte de Kennedy, que sigue atrapada en la versión oficial de la Comisión Warren donde se afirma, tajantemente, que no hubo ningún tipo de conspiración secreta.
Los documentos revelados han detallado más información sobre la vigilancia a la que fue sometido Lee Harvey Oswald por parte de la CIA y el FBI antes del asesinato, así como sobre las sospechas de ciertas influencias de la Guerra Fría, en torno a Cuba y la Unión Soviética. Hay ahora más documentación, pero pocas pruebas definitivas sobre una traición o un probable golpe de Estado.
Simultáneamente, muchos investigadores creen que el gobierno todavía sigue reteniendo documentos clave y que algunos archivos han sido alterados o borrados, lo que mantiene vivas las teorías de conspiración hasta el día de hoy. Algunos historiadores como Robert A. Caro y Kent B. Germany, argumentan que la ascensión al poder del vicepresidente Lyndon B. Johnson, es una prueba clara de cómo éste fue el personaje más favorecido porque tenía una postura favorable a la industria militar y a la política imperialista de los Estados Unidos en Indochina. Otros sostienen que JFK ya había autorizado la presencia militar en Vietnam y que la posterior intensificación de la guerra fue una continuación de su política.
Es importante destacar también que el asesinato fue un evento “desestabilizador” y sirve como un recordatorio importante, donde la democracia siempre debe estar protegida por instituciones transparentes. Kennedy tuvo desacuerdos significativos con la CIA y el FBI durante su presidencia. Criticó públicamente a la CIA después de la fracasada invasión de Playa Girón en Cuba en 1961 y ordenó una serie de reformas para “limitar el poder” de la agencia. Además, JFK tenía objeciones sobre la ampliación del poder dentro del FBI, así como críticas a la vigilancia de cualquier ciudadano estadounidense bajo el liderazgo de John Edgar Hoover, un personaje oscuro y bastante proclive a las conspiraciones. Asimismo, es posible que la burocracia estatal se haya beneficiado, en cierta medida, de la muerte de Kennedy. Sin embargo, cualquier complicidad de las agencias gubernamentales en el asesinato sigue siendo objeto de investigación.
La muerte, también espantosa de Robert Kennedy en junio de 1968, marcó una continuación de los aspectos autoritarios en las formas de hacer política. Robert Kennedy, que iba a postularse para la presidencia en esa época, igualmente tuvo serios conflictos con la CIA y el FBI. La muerte de ambos hermanos exitosos, sin duda fue el resultado de una intriga de largo aliento.
Tanto JFK como su hermano Robert desafiaron abiertamente a la CIA y el FBI, y sus muertes plantearon preguntas importantes sobre la relación entre el poder gubernamental y la erosión de la democracia. Algunos documentos desclasificados sugieren que JFK fue resistido en algunos momentos por una élite despótica, incluyendo miembros del Partido Republicano y millonarios vinculados con la mafia. Específicamente, algunos de estos documentos apuntan a la existencia de grupos clandestinos de ultraderecha que operaban durante la década de 1960 y estaban en contra de las políticas de JFK, especialmente en relación con la Guerra Fría y la expansión del comunismo.
Lo que sí está claro es que muchos sectores consideran a la impunidad como el eje característico del atentado. Incluso hoy, se insiste en que hubo un solo asesino desequilibrado como Lee Harvey Oswald, negando la existencia de un complot más profundo y tratando de despolitizar la tragedia. Varias teorías trataron de mostrar que el asesinato pudo haber sido parte de un sutil “golpe de Estado sin militares”, aunque no hay evidencias contundentes. La muerte de JFK tuvo un impacto tremendo, acrecentándose la decepción pública y, al mismo tiempo, la desconfianza sobre la democracia estadounidense. La búsqueda de la verdad aún continúa y gira en torno a lo siguiente.
Primero, la conspiración de la mafia. Esta teoría apunta a que la mafia estaba involucrada en el asesinato debido a que JFK intensificó la lucha contra el crimen organizado. Según esta visión, el líder de la mafia Sam Giancana y el gánster Carlos Marcello, habrían conspirado para matar al presidente. Aquí también destaca la confesión de James Files que afirmó haber sido el tirador que mató a Kennedy con un disparo mortal directo a la frente.
Segundo, la conspiración de la CIA. Aquí se sostiene que la CIA estaba detrás del atentado, debido a su descontento con la política exterior, en particular, con la intención de retirar las tropas de Vietnam y abandonar por completo la intención de invadir Cuba. La CIA habría contratado a los asesinos, conocía varias acciones amenazantes de Oswald y encubrió la operación.
Tercero, la conspiración del complejo militar-industrial. Esta posición quiso mostrar que el complejo militar-industrial planificó el asesinato porque su interés era acrecentar la guerra de Vietnam y agigantar los gastos de defensa. Los líderes militares y los millonarios de la industria petrolera que buscaron enriquecerse con la guerra, habrían complotado para profundizar y empeorar la invasión de Vietnam.
Cuarto, la teoría de la conspiración del gobierno cubano. Esta mirada es la más débil porque sustenta algo altamente improbable: que el gobierno cubano estuvo detrás del crimen, con la intención de vengar la invasión de Playa Girón y las sanciones económicas contra Cuba. En esta teoría, Fidel Castro habría ordenado el asesinato por medio de agentes cubanos.
En cuanto al análisis forense de los disparos mortales, hay diferentes interpretaciones sobre lo que sucedió exactamente en el momento del tiroteo. La investigación oficial de la Comisión Warren concluyó que Oswald fue el único implicado y disparó tres tiros, siendo uno de ellos el que mató al presidente. Sin embargo, varios expertos en balística han cuestionado esta teoría, explicando que las heridas de JFK sugieren la existencia de más de un tirador. Las heridas de la cabeza son inconsistentes con la trayectoria de los tiros que, se supone, vinieron por detrás de Kennedy. En particular, la trayectoria del tiro que impactó en la cabeza de frente, justo en Dealey Plaza, mostró la posición de otro tirador que no estaba en la ventana del sexto piso del depósito de libros escolares de Texas, donde Oswald, aparentemente, se encontraba parapetado.
El asesinato dejó un vacío en la política y la conciencia colectiva del país. La élite militar y los intereses empresariales que, posteriormente, se beneficiaron de la guerra de Vietnam entre 1963 y 1975, podrían ser considerados como los máximos ganadores. Sin embargo, la guerra fue también un conflicto costoso y prolongado que tuvo un impacto devastador en la sociedad estadounidense y en la opinión pública internacional. La guerra terminó en una derrota para los Estados Unidos, lo que debilitó enormemente su posición como potencia mundial.
Finalmente, muerto Kennedy, las posibilidades de democratización y pacificación desaparecieron hasta la actualidad, de manera que su asesinato fue una expresión tenebrosa sobre cómo los Estados Unidos optaron por un tipo de liderazgo imperialista, a costa de aniquilar el liderazgo joven de JFK que, en cierto sentido, solamente representó una ilusión “inocente y transitoria” dentro de la política estadounidense.